Aprovechando un bonito arranque de creatividad que tengo -por unas u otras razones- quería exponeros un tema que me está llamando la atención últimamente, un tema de actualidad social, sin duda, algo que tenemos muy vivo en la piel y los ojos, lo hemos sentido en nuestras carnes desde que nacimos.
Os hablo de la guerra. Lejos del peso de una armadura o el frío contacto del mango de una espada en nuestras manos, dentro de nuestro mundo del amable y feliz urbanismo, nos enfrentamos a contínuas contiendas. ¿Nunca habéis sentido una carga en el pecho de la que os queríais liberar, pero de la cual no os liberaríais hasta darle fin vosotros al origen mismo de ésta? ¿Esa necesidad incesante de defenderos ante un mundo cada vez más grande y voraz?
Vivimos en una sociedad colosal en plena expansión y así como ella crece, nosotros, tristes y pequeños individuos, nos vemos confinados a un decreciente y superpoblado laberinto de burocracia, sistemas, instituciones, reconocimientos... El gigante que hemos construido nos ha superado, aquello que creamos como herramienta para ayudar a la vida humana se está convirtiendo en su mayor carga. El ser humano solo tenía que combatir contra la muerte y la disgregación, un enemigo claro, una batalla justa sin duda. El problema apareció cuando más allá de la vida o la muerte otras cuestiones comenzaban a perturbar nuestra alma. El bien y el mal dejaron de ser tan simples y el entramado de conclusiones a las que nuestra lógica nos llevaba no hacía más que alejarnos de poder discernir ante qué o quién alzar las armas.
Pero rebasó un extremo. La complejidad nos aturdió y ya no había manera de mantener la unidad: cada pensamiento, cada doctrina, cada escuela filosófica contemplaba una idea de bien y de mal distinta, ante un juicio una lucha, que ante otro juicio era injusta, podía ser justa.
Todo aquello desemboca en un almizcle de problemas y adversidades a los que hacer frente; problemas y adversidades que nos obligan a levantarnos en armas una y otra vez. Te enfrentas a tus estudios, a encontrar un trabajo, a trabajar cada día, a mantener justo el mundo que habitas, a mantener tus ideas... El hombre no puede, a día de hoy, actuar como un ser de paz.
Pero la contínua batalla no garantiza de modo alguno que saques tus estudios, que puedas trabajar o que el mundo sea justo -oh, la justicia-. Ya no es un simple intercambio de golpes sin fin con la vida, sino que trasciende la estrategia militar. El guerrero se queda atrás; es el sabio, aquel que elige sus contiendas y el momento de sobrellevarlas, el que sobrevive.
En el presente existen demasiadas causas por las que luchar, demasiados problemas e inquietudes punzadas en la herencia de la piel humana e inherentes a los seres racionales. Lo único que busca, como tú o como yo -aquí me puedes tachar perfectamente de suponer demasiado-, es llevar una vida plena. Porque, ¿sabes? Creo que ya no solo son los objetos del combate vivir y disfrutar ; hay algo más. Tenemos ideas, opiniones, tenemos sed, mucha sed, no solo de agua y no solo de vida, sino de sangre, de ver manar inerte el fluido que da vida a injusticia e inmoralidades, sed de ver el mundo como lo consideramos correcto. Con independencia de los valores de cada uno de nosotros, muy distintos y, a la vez, muy parecidos.
Toda esta charlatanería pseudofilosófica viene para introducirnos en el día de hoy. Hoy, ¿sabéis qué ocurre hoy? Estamos en plena debacle, nuestro coloso yace en el suelo dando sus últimos suspiros, rodeado de chupópteros que se alimentan del modo más cruel de él. Lo peor es que, en su caída, nos está llevando con él a la tumba. Es el símbolo de la evolución humana -hablo de una evolución de complejidad, no de un a mejor-, es -más allá de nuestras creencias religiosas- un dios hecho a nuestra imagen y semejanza. Y ahora... ¿qué? Ahora yace sin fuerzas, inconsciente.
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| Y ahora...¿qué? |
Y nosotros... ¿y nosotros? En esta desfalleciente sociedad nos enfrentamos a una cantidad tan inabarcable de problemas en un abanico tan grande de tonos a escala de gris que, a veces, nos resulta muy difícil elegir por qué luchar.
¿Y por qué luchar?
"Errante por el mundo fui gritando:
La gloria, ¿dónde está?
Y una voz misteriosa contestóme:
Más allá..., más allá..."
(Bécquer)
La gloria, ¿dónde está?
Y una voz misteriosa contestóme:
Más allá..., más allá..."
(Bécquer)

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"Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír".
(George Orwell)