Palabras, palabras ante todo.
Es como la brisa en tus párpados cerrados en una playa al
anochecer. Aquí no hay nada y lo tengo todo. No hay nada ajeno a mí y al mismo
tiempo está todo mi mundo. Aquí no afectan las preocupaciones o las alegrías
del mundanal ruido, aquí solo existo yo. Aquí puedo pensar y estar en paz a
pesar de todo. A este lugar no le afecta el paso del tiempo ni las
circunstancias, aquí no estoy tan sola. El murmullo de las olas adormece
cualquier otro sonido de la cuidad. Aquí puedo concienciar a la gente de lo que
de verdad importa, denunciar las injusticias, cantar a la vida. Aquí lo malo
puede no ser tan malo y lo bueno puede tornarse un poco peor. No es algo que me
importe ahora: el mar da volteretas para mí y yo le sonrío. Nada más. Y nada
menos. Cada vez que vuelvo a este lugar es como si volviera a nacer, y volver a
nacer siempre es volver a vivir.
Es curioso que pueda venir aquí siempre que quiero y esté
donde esté, porque el único billete que necesito es el de un lápiz y un papel.
El de las olas de tinta que dan vida a la playa de la blanca hoja en blanco, el
de las palabras, palabras ante todo…
Lo mejor de las palabras es que vuelan más que el viento,
pero una vez escritas se anudan al papel en torno al verso.
Perdura más la tinta que el suspiro. Efímera es la memoria
como el latido, confía más en la grafía que en el recuerdo, escribe un momento
si quieres que nunca pase.
No sólo importa el recuerdo, sino la forma de recordarlo.
Piensa en tu vida y elige bien cómo contarla, la manera de que permanezca para
siempre. De que ya nada pueda borrarla.
Igual que yo nunca podré borrar este momento; ahora es
eterno… y yo soy feliz en su eternidad. La paz de este lugar no acabará porque
puedo volver a él en cualquier momento y en él siempre habrá paz.
Escribe. Sé un artista. Ama enamorando. Porque escribiendo
se puede enamorar mientras amas lo que haces. Encuentra hueco en tu vida para una balada lírica, una narración extraordinaria o un teatro renovador, y más tarde comprobarás que ese hueco lo ocupa todo. No importa lo solo que estés o lo
mal que te sientas porque, la verdad, las personas más incomprendidas han sido
siempre las que más han conmovido.
Inventa tu propio universo. Cuenta tu propia historia. Una
historia más allá de lo real o lo irreal. Y verás que, aunque no creas, cada
historia contará un poco de ti. Escribe hasta por los márgenes. Escribe hasta
que no te quede nada más que añadir, porque las mejores cosas se dicen cuando
te quedas sin palabras.
Puedes escapar del mundo y comprometerte con él al mismo
tiempo, crear un arte para él. Con estas, tus propias olas de tinta, tu palabra
puede oírse sobre todas las demás, prevalecer sobre el ruido. En verdad no hay
mayor eco que el de una voz escrita ni mejor historia que aquella que no tiene
punto final…
Autora: Cristina

Soberbio, Cristina. ¡Cuánta profunda verdad!
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