Cita

"¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre..., ¡Y también lloro!"
(Bécquer)

sábado, 6 de abril de 2013

Un día oscuro, negro



<< ¿Qué me ocurre?,  ¿Dónde me encuentro?,  ¿Acaso esto es un sueño?>> me pregunté. No creo; este dolor de cabeza insoportable lo demuestra. Apenas alcanzo a entreabrir los ojos y, aunque pudiera, me siento seguro de que querría cerrarlos. Algo, en mi interior, vaticina  negros presagios.

Quizás desconfiéis de mí, pero puedo asegurar que desde aquel momento las horas se suceden más lentas. Siempre me he dado la explicación de que ya he perdido la noción del tiempo: no sé ni dónde vivo. Pero algo extraño ha debido suceder, algo que me nubla la memoria. Tengo que encontrar la manera de recomponer lo sucedido; lo último que recuerdo antes de mi desgracia es aquel temblor o, mejor dicho, AQUEL TERRIBLE TEMBLOR. Por eso me levanté y, a pesar de que estaba aterrado, abrí los ojos con fuerza, con la mayor energía del mundo. Entonces, descubrí que como el toro he nacido para el luto y el dolor.




En efecto, mi intuición nunca me había fallado y aquellos “negros presagios”  sólo fueron un breve adelanto de lo que todavía me quedaba por vivir. Como ya os he dicho, abrí los ojos y vi que todo lo que había a mi alrededor eran escombros; estos debían estar provocados, sin duda, por aquel hecho que ya he mencionado y prefiero no repetir para no martirizarme más.

Aquella mañana, tarde o noche -no sé- me levanté con una agilidad no muy digna de un joven como yo. Sentía pánico y una horrorosa sensación de angustia invadía mi pecho. No lograba comprender qué hacía solo, sin alguien que me apoyara. Así que busqué entre las ruinas -idea ilógica, lo sé- a alguien de mi familia o incluso al perro.

En mi vida había dos pilares fundamentales: familia, en dónde incluía a mis amigos más cercanos y a mi novia; y literatura. En esta última encontraba un refugio para la felicidad y la tristeza, pues siempre había una frase que rondaba mi cabeza para motivarme. En este caso fueron unos versos que, a día de hoy, aquí donde estoy, todavía utilizo: "Hoy, como ayer, mañana, como hoy, y ¡siempre igual! Un cielo gris, un horizonte eterno, y ¡andar..., andar!"

De este modo, empecé a correr furioso. Diría que utilicé mis músculos como nunca pero, probablemente, es una fantasía hiperbólica de mi mente. Corría y corría, partía el viento con mi cuerpo, pero el aire, cargado de polvo, hizo que mis pulmones desistieran. <<Sabía que en algún momento  tendría que salir de España, pero nunca imaginé que debería ser tan pronto. >>

Fatigado, pero no derrotado, continué andando a paso ligero. Nunca me pregunté mi destino, porque jamás lo supe; solo pensé que tenía que huir de allí. A medida que iba avanzando, me encontré con multitud de cadáveres ennegrecidos por la gangrena. Así supuse que los hospitales tenían que haberse derrumbado. De lo contrario, la situación hubiera sido incomprensible: mucho  más aún.

Llegados a este punto ya creía haber visto todo, pero no. Mis ojos se estremecieron al observar a cientos de personas, algunas de ellas con las extremidades mutiladas, intentando poner piedra sobre piedra, para edificar su antigua casa. Jamás olvidaré la mirada de aquella mujer. Primero, le pregunté si podía ayudarla y no respondió. A continuación, le reproché que su esfuerzo estoico era inútil: ella me miró fijamente con sus ojos, inyectados en sangre, y su hijo la imitó, pues, en efecto, los colegios también se habían desplomado.

Ahí es cuando enloquecí: traté de convencerlos para que se unieran y lograran sobrevivir. Alcé la voz más y más, pero nada. La ausencia de ley en este caos me hizo plantearme acciones de las que hoy me avergüenzo, no obstante los acabé comprendiendo porque, antes de esta hecatombe, ya escuchamos bastante palabra adornada y discursos demagógicos. Debido a esta esta causa la gente vivía muriendo, como la sombra ante la noche.

Yo no quería vivir así, por eso escapé de todas esas personas que trabajaban individualmente para nada. Examiné los rasguños de mi pecho, provocados por la catástrofe, y advertí que estaban oscureciendo. Entonces lo comprendí todo: mi fin estaba llegando.

No me hizo falta reflexionar. Yo también era como ellos y disfrutaba refugiado en mi soledad, fui incapaz, dadas las circunstancias, de entregar mi confianza al prójimo. Así es mi España, lector,  derruida de valores, de justicia, de sentimiento. Abatida. Sin futuro.

"Un cielo gris, un horizonte eterno, y ¡andar..., andar!"

Autor: José Ángel

4 comentarios:

  1. Jose Àngel cada vez te superas más! Me ha gustado mucho.Triste pero bonito

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  2. José Ángel! Está muy muy bonito, espero el libro. Piedra sobre piedra eh...

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  3. Eres el mejor feisimo! Las letras tendrán sin duda un gran futuro con gente como tú.
    Te quiero muchísimo!

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  4. Dios, ¡qué visión!. Ya sé que no es fácil ver la luz, pero hay luz. Es más popular ser negativo en los malos tiempos que positivo, pero no permitas que las lágrimas no te dejen ver las estrellas. Yo, que vivo en el mismo país que tú, busco cada mañana cosas que merezcan la pena y casi siempre las encuentro. Hoy, por ejemplo, he leído un texto muy bueno escrito por cierto alumno mío... esperanza para el futuro que ya está aquí y del que formas parte.

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"Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír".
(George Orwell)