<< ¿Qué me ocurre?, ¿Dónde me encuentro?, ¿Acaso esto es un
sueño?>> me pregunté. No creo; este dolor de cabeza insoportable lo
demuestra. Apenas alcanzo a entreabrir los ojos y, aunque pudiera, me siento
seguro de que querría cerrarlos. Algo, en mi interior, vaticina negros
presagios.
Quizás desconfiéis de mí,
pero puedo asegurar que desde aquel momento las horas se suceden más lentas.
Siempre me he dado la explicación de que ya he perdido la noción del tiempo: no
sé ni dónde vivo. Pero algo extraño ha debido suceder, algo que me nubla la memoria. Tengo que encontrar la manera de recomponer lo sucedido; lo último que recuerdo antes de mi desgracia es aquel temblor o, mejor dicho, AQUEL TERRIBLE TEMBLOR. Por eso me levanté y, a pesar de que estaba aterrado, abrí los ojos con fuerza, con la mayor energía del mundo. Entonces, descubrí que como el toro he nacido para el luto y el dolor.
En efecto, mi intuición nunca
me había fallado y aquellos “negros presagios” sólo fueron un breve
adelanto de lo que todavía me quedaba por vivir. Como ya os he dicho, abrí los
ojos y vi que todo lo que había a mi alrededor eran escombros; estos debían
estar provocados, sin duda, por aquel hecho que ya he mencionado y prefiero no
repetir para no martirizarme más.
Aquella mañana, tarde o noche
-no sé- me levanté con una agilidad no muy digna de un joven como yo. Sentía
pánico y una horrorosa sensación de angustia invadía mi pecho. No lograba
comprender qué hacía solo, sin alguien que me apoyara. Así que busqué entre las ruinas -idea ilógica, lo sé- a alguien de mi familia
o incluso al perro.
En mi vida había dos pilares
fundamentales: familia, en dónde incluía a mis amigos más cercanos y a mi
novia; y literatura. En esta última encontraba un refugio para la felicidad y
la tristeza, pues siempre había una frase que rondaba mi cabeza para motivarme.
En este caso fueron unos versos que, a día de hoy, aquí donde estoy, todavía
utilizo: "Hoy, como ayer, mañana, como hoy, y ¡siempre igual! Un
cielo gris, un horizonte eterno, y ¡andar..., andar!"
De este modo, empecé a correr
furioso. Diría que utilicé mis músculos como nunca pero, probablemente, es una
fantasía hiperbólica de mi mente. Corría y corría, partía el viento con mi
cuerpo, pero el aire, cargado de polvo, hizo que mis pulmones desistieran.
<<Sabía que en algún momento tendría que salir de España, pero
nunca imaginé que debería ser tan pronto. >>
Fatigado, pero no derrotado,
continué andando a paso ligero. Nunca me pregunté mi destino, porque jamás lo
supe; solo pensé que tenía que huir de allí. A medida que iba avanzando, me
encontré con multitud de cadáveres ennegrecidos por la gangrena. Así supuse que
los hospitales tenían que haberse derrumbado. De lo contrario, la situación
hubiera sido incomprensible: mucho más aún.
Llegados a este punto ya
creía haber visto todo, pero no. Mis ojos se estremecieron al observar a
cientos de personas, algunas de ellas con las extremidades mutiladas,
intentando poner piedra sobre piedra, para edificar su antigua casa. Jamás
olvidaré la mirada de aquella mujer. Primero, le pregunté si podía ayudarla y
no respondió. A continuación, le reproché que su esfuerzo estoico era inútil:
ella me miró fijamente con sus ojos, inyectados en sangre, y su hijo la imitó,
pues, en efecto, los colegios también se habían desplomado.
Ahí es cuando enloquecí:
traté de convencerlos para que se unieran y lograran sobrevivir. Alcé la voz
más y más, pero nada. La ausencia de ley en este caos me hizo plantearme
acciones de las que hoy me avergüenzo, no obstante los acabé comprendiendo
porque, antes de esta hecatombe, ya escuchamos bastante palabra adornada y
discursos demagógicos. Debido a esta esta causa la gente vivía muriendo, como la sombra
ante la noche.
Yo no quería vivir así, por eso escapé de todas esas personas que trabajaban individualmente para nada. Examiné
los rasguños de mi pecho, provocados por la catástrofe, y advertí que estaban
oscureciendo. Entonces lo comprendí todo: mi fin estaba llegando.
No me hizo falta reflexionar. Yo también era como ellos y disfrutaba refugiado en mi
soledad, fui incapaz, dadas las circunstancias, de entregar mi confianza al
prójimo. Así es mi España, lector, derruida de valores, de justicia, de
sentimiento. Abatida. Sin futuro.

Jose Àngel cada vez te superas más! Me ha gustado mucho.Triste pero bonito
ResponderEliminarJosé Ángel! Está muy muy bonito, espero el libro. Piedra sobre piedra eh...
ResponderEliminarEres el mejor feisimo! Las letras tendrán sin duda un gran futuro con gente como tú.
ResponderEliminarTe quiero muchísimo!
Dios, ¡qué visión!. Ya sé que no es fácil ver la luz, pero hay luz. Es más popular ser negativo en los malos tiempos que positivo, pero no permitas que las lágrimas no te dejen ver las estrellas. Yo, que vivo en el mismo país que tú, busco cada mañana cosas que merezcan la pena y casi siempre las encuentro. Hoy, por ejemplo, he leído un texto muy bueno escrito por cierto alumno mío... esperanza para el futuro que ya está aquí y del que formas parte.
ResponderEliminar