Cita

"¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre..., ¡Y también lloro!"
(Bécquer)

domingo, 22 de septiembre de 2013

Atenea

   Arena, mar y cielo. Las huellas de unos tobillos dulces desaparecen, al anochecer, sepultadas por las olas de un mar dormido. El sol se fue hace horas, y las pupilas de Atenea todavía conservan el anaranjado resplandor de aquel ocaso, que descongelaba sus tardes frías y las arrullaba en el más cálido de los silencios. Dicen que solo los poetas saben amar la naturaleza, que solo ellos pueden apreciar los cerezos primaverales,  los soles de verano, la caducidad del otoño o la escarcha del invierno. Pero ¿Y ella? Ella adoraba el mundo como nadie.

   He de confesarte, lector, que no la conozco y que nunca la he contemplado. Sin embargo, no sé cómo ni por qué, siento que lleva días paseando por los arduos laberintos de mi mente. Parece que no quiere salir y, ¡Ahora sí!, solo si cierro suavemente los ojos consigo acercarme muy poco a ella. Es un ejercicio sistemático: en cuanto se bajan mis párpados, un telón azafranado se apodera de mí. La busco allí, ya veo el ocaso. Lo único que hace falta es encontrarla.


   Es duro andar tras ella sin éxito. Mis días son una constante tarde broncínea con cierto amargo sabor a derrota. Aquí, los dos perdidos como narradores sin historias, una en un lado y el otro en el extremo contrario, queremos hablarnos y dejar de comunicarnos con las piedras, con el viento.

   A veces, ella me hace señales y, entonces, yo escribo palabras que borro justo cuando pierdo su rastro. Otras, permanece distante y, como dijo Neruda, cualquier intento de alcanzarla es nulo. Pero, afortunado yo cuando la veo. Ese es el momento en el que la saco de mi mente, nos miramos a los ojos y… consigo vivir una historia.

   De nuevo, regresa la noche, ella desaparece y comienza una nueva búsqueda. Esta es la vida del que escribe, una vida llena de abandonos y de reencuentros.

Autor: José Ángel


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"Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír".
(George Orwell)