Cita

"¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre..., ¡Y también lloro!"
(Bécquer)

sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Dónde están?


   La tarde se derrumba a los pies de la sombra y hace frío. Caen, como las hojas, las vidas de los árboles y, entre lágrimas, naufragan por el suelo sentimientos, que la brisa une y el huracán despega. En ese momento, unos ojos secos se asomaron por las rejillas de la persiana para mirar las calles; eran los ojos de Alonso contemplando una ciudad gris y sin ánimo.

   Llegaba la noche y le resultaba imposible descansar: sentía el agotamiento y la angustia que lo atacaban desde hace semanas. Sin embargo, él no mostraba afán por dormir, quería continuar con su observación de los distintos callejones y dar con el misterio que habitaba en las tinieblas. Intuía que algo grave estaba sucediendo  y que ese era el motivo de su malestar ¡Cuántas realidades se le escapan a la mente humana!


   En efecto, ahí fuera las farolas tenían el pulso acelerado por la batalla infernal que se estaba librando. El silencio, corrompido durante su guardia nocturna, se callaba los rumores sobre la guerra y facilitaba las trincheras hasta  amanecer. Así es como el odio dormía en el sueño y en los sueños de los humanos, mientras que el bien, escondido, permanecía en vela para evitar las traicioneras maquinaciones del mal.

   Era tarde y Alonso, como la bondad,  seguía en pie, ajeno al conflicto que lo rodeaba. Su cara reflejaba la frustración y el nerviosismo que produce la ignorancia. Poco tenía que hacer ya estando despierto, pero no alcanzaba a conciliar el sueño, porque creía que volvería a despertar con las mismas sensaciones que el día anterior. No te duermas Alonso, no te rindas: descansar es empezar a morir y tú lo sabes bien, quizá no despiertes.

   No pude salvarlo, se rebeló contra mi escrito y se fue como las hojas, así es la generación de los hombres ¿Te rendirás tú también, bondad? ¿Abandonarás la batalla? Lentamente veo cómo vas desapareciendo, pero sé que eres infatigable y que nunca te rindes. En ti, reposa la esperanza.


   Un ángel de amor aparecía por la escena; llegaba tarde.

Autor: José Ángel

2 comentarios:

  1. Homérico, ¡qué bien enseñado estás! Un abrazo a toda prisa.

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  2. Me ha encantado, José Ángel. ¡Sigue así, compañero! :)

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"Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír".
(George Orwell)